El SF-26 mostró un buen comportamiento durante buena parte de la sesión, pero Ferrari no consiguió convertir ese equilibrio en rendimiento durante la decisiva Q3.
Ferrari llegó a la clasificación del Gran Premio de los Países Bajos con motivos para ser optimista. El SF-26 había mostrado un comportamiento sólido, Charles Leclerc se sentía cómodo con el monoplaza y Lewis Hamilton también había conseguido dar un paso adelante respecto a sus sensaciones anteriores.
Sin embargo, cuando llegó el momento de buscar la pole, algo se desmoronó.
El resultado final fue contundente: Hamilton terminó quinto y Leclerc sexto. Un resultado que, viendo el potencial mostrado por Ferrari durante la sesión, dejó una sensación de oportunidad perdida.
Un Ferrari que parecía competitivo
En Q1 apareció una de las primeras señales positivas. Hamilton consiguió colocarse aproximadamente dos décimas por delante de Leclerc, mostrando una confianza mucho mayor al volante del SF-26.
El británico incluso tuvo un pequeño susto cuando se salió de pista y terminó en la grava. Sin embargo, lejos de venirse abajo, respondió inmediatamente con una vuelta agresiva que le permitió recuperar terreno.
Leclerc, por su parte, mantuvo durante prácticamente toda la sesión una conducción muy limpia y consistente.
En Q2 las cosas parecían todavía mejores.
Charles llegó a colocarse tercero, mientras Hamilton se mantuvo muy cerca de su compañero. Ferrari parecía estar en condiciones de luchar con Mercedes y McLaren.
Pero quedaba la Q3.
El problema apareció cuando más importaba
La última sesión de clasificación fue completamente diferente.
Los dos Ferrari realizaron vueltas que, desde el punto de vista de la conducción, no parecían malas. El problema fue otro: los tiempos no aparecieron.
Leclerc terminó a unas tres décimas del ritmo de referencia, mientras Hamilton quedó prácticamente a ocho décimas.
Y aquí aparece una de las claves del análisis: el SF-26 parecía tener un buen equilibrio, pero Ferrari no consiguió colocar los neumáticos en la ventana perfecta de funcionamiento.
En un circuito como Zandvoort, donde las curvas exigen mucho a los neumáticos y la vuelta es extremadamente sensible a pequeños cambios de temperatura y adherencia, perder esa ventana puede costar varias décimas en cuestión de segundos.
¿Qué pasó con el sistema híbrido?
Otro elemento que merece atención es la gestión de la unidad híbrida.
Ferrari había trabajado en modificaciones del software para intentar mejorar la utilización de la energía eléctrica, especialmente en las rectas.
Durante la clasificación incluso hubo indicios de diferentes estrategias de utilización de la potencia híbrida.
Pero todavía no está claro que esa modificación haya entregado el beneficio esperado.
Y si Ferrari ganó algo en un sector pero perdió rendimiento en otro, el resultado final pudo ser un coche aparentemente equilibrado, pero incapaz de igualar la velocidad de sus principales rivales.
Y entonces apareció la lluvia
Como si Ferrari necesitara otro problema, las condiciones comenzaron a cambiar.
Las temperaturas descendieron y aparecieron algunas gotas de lluvia justo cuando los pilotos necesitaban preparar sus neumáticos para el último intento.
Eso es especialmente perjudicial en Zandvoort.
Los neumáticos necesitan entrar en su ventana de funcionamiento para que el piloto pueda atacar las curvas con confianza. Si la temperatura cae, el equilibrio que funcionaba unas vueltas antes puede desaparecer.
Ferrari se encontró entonces con una combinación complicada:
neumáticos difíciles de activar + temperaturas más bajas + cambios en la gestión híbrida + pista cambiante.
Demasiadas variables para una clasificación en la que cada décima cuenta.
Ferrari perdió una oportunidad
Lo más interesante es que el resultado no parece explicar completamente el potencial mostrado por el SF-26.
Ferrari no tenía un coche completamente fuera de ritmo.
Al contrario: el monoplaza parecía competitivo, equilibrado y manejable.
El problema fue conseguir que todas esas características aparecieran simultáneamente durante la vuelta decisiva.
Hamilton partirá quinto y Leclerc sexto, posiciones desde las que todavía pueden aspirar a una buena carrera.
Y ahí está la incógnita.
Si el problema de Ferrari fue principalmente la activación de los neumáticos durante una vuelta de clasificación, las tandas largas podrían contar una historia diferente.
Porque una cosa quedó bastante clara en Zandvoort:
Ferrari no parece estar lejos. Pero todavía necesita aprender a extraer todo el potencial del SF-26 cuando realmente importa.
La carrera será la prueba definitiva.

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