Tras los test privados de Barcelona, Toto Wolff no se guardó nada. El director de Mercedes AMG salió con los tapones de punta frente a las dudas planteadas por rivales sobre la legalidad del motor alemán para la normativa 2026, una controversia que ya llegó a los despachos de la FIA.
La queja gira en torno a cómo se mide el tasa de compresión: algunos equipos sostienen que Mercedes (y también Red Bull) habrían encontrado un resquicio al aprovechar controles realizados en estático y no en pista. Para Wolff, la acusación tiene más de nervios que de fundamento.
“No entiendo que algunas escuderías se concentren más en los demás y sigan empujando un caso que es claro y transparente”, disparó el austríaco ante la prensa.
“La unidad de potencia es legal. Se ajusta exactamente a cómo está escrito el reglamento y a cómo se realizan los controles”.
Mercedes subraya que la comunicación con la FIA fue “positiva de principio a fin” y que el reglamento es inequívoco. Además, el bloque ya mostró buena fiabilidad durante los ensayos de Barcelona, un punto clave a meses del debut del ciclo 2026. La presentación del Mercedes W17 sirvió, de hecho, para reforzar ese mensaje.
Wolff fue más allá y criticó lo que considera maniobras distractivas en el paddock: reuniones en la sombra, cartas privadas y pedidos de nuevos métodos de verificación. “Preferimos minimizar distracciones y concentrarnos en nosotros”, remarcó, antes de dejar una pulla final: quizá algunos ya estén buscando excusas antes de que empiece la temporada.
Traducción libre del subtexto: menos lobby y más cronómetro. Porque en la F1, cuando el semáforo se apaga, las quejas no adelantan… los caballos sí. 🏁

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