Barcelona dejó una pista clara: el temido debut ya no parece una pesadilla.
En la previa del gran cambio reglamentario, todos miraban de reojo al nuevo motor de Red Bull Racing. Motor propio, alianza con Ford, primer año… combo perfecto para el drama. Pero el shakedown en Montmeló hizo plot twist: la unidad de potencia funcionó como un reloj suizo (sí, ironía intencional).
Aunque Laurent Mekies fue prudente —nadie en Red Bull descorcha champagne en febrero—, la realidad es que la fiabilidad mostrada en Barcelona calmó muchas ansiedades… incluso las de los rivales.
¿Qué sorprendió tanto?
Cero dramas de fiabilidad en las primeras jornadas.
Programas de prueba completos y sin interrupciones.
Sensación de “esto va en serio” desde el primer día.
Desde VCARB, Alan Permane lo dijo sin rodeos: “Han hecho un trabajo increíble”. Traducido al idioma paddock: esperábamos sudar y no pasó.
El contexto: Mercedes sigue siendo el coco
Nadie discute que Mercedes AMG F1 parte como favorita. Más de 500 vueltas sin sobresaltos y una reputación que pesa toneladas. Pero ojo: Red Bull ya no arranca en desventaja defensiva, y eso cambia el tablero.
Calma, que esto recién empieza
Una prueba limpia no garantiza gloria. Falta:
Ver el motor en modos altos.
Probarlo con temperaturas extremas.
Evaluar potencia, eficiencia eléctrica y combustibles sostenibles frente a Mercedes y Ferrari.
La fiabilidad es solo la mitad del partido; el otro tiempo se juega con rendimiento puro.
La estrategia Red Bull (sin humo)
El objetivo no es “tener el mejor motor del planeta” en 2026. Es estar lo suficientemente cerca para que la aerodinámica y el concepto —territorio Red Bull— hagan el resto. Si eso ocurre, pilotos como Max Verstappen sabrán qué hacer. Spoiler: ir rápido.
Conclusión:
Red Bull evitó el peor escenario posible y salió del shakedown con una sonrisa contenida. No ganó nada… pero tampoco perdió. Y en un cambio de era, eso ya es una pequeña victoria.

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