El mercado de pilotos de MotoGP ya empieza a mirar con atención a 2027, un año que promete una reconfiguración profunda del paddock debido a la llegada de un nuevo reglamento técnico y a la finalización de numerosos contratos. En ese escenario, uno de los nombres que concentra todas las miradas es el de Pedro Acosta.
Aunque la temporada actual aún no ha comenzado oficialmente, el futuro ya se debate en presente. La incertidumbre que rodea a 2027 está condicionando decisiones y estrategias, tanto de pilotos como de fabricantes.
Tras la presentación online del equipo KTM, Acosta se mostró cauto respecto a su futuro. Señaló que los pilotos que se sienten cómodos en su entorno probablemente optarán por continuar, mientras que quienes no lo estén buscarán nuevos caminos. El principal problema, según el español, es que nadie sabe con certeza qué escenario se encontrará dentro de dos temporadas, lo que invita a no tomar decisiones precipitadas.
Actualmente, Acosta se encuentra en el centro de múltiples rumores. Entre ellos, la posibilidad de un desembarco en el equipo oficial de Ducati para 2027, incluso compartiendo box con Marc Márquez. Un movimiento de ese calibre tendría consecuencias importantes, ya que podría dejar sin asiento a Francesco Bagnaia y provocar un efecto dominó en toda la parrilla.
El representante de Acosta ha sido claro: la prioridad absoluta es asegurar un contrato de fábrica, independientemente del fabricante. En ese contexto, la estructura del equipo VR46 también aparece como una alternativa posible.
La relación entre Acosta y KTM es profunda. El fabricante austríaco apostó por él desde sus inicios, lo desarrolló dentro de su estructura y le dio el salto a MotoGP en 2024 con el equipo Tech3. Sin embargo, el proyecto deportivo atraviesa un momento delicado. KTM lleva más de tres años sin lograr una victoria en la categoría reina y, aunque terminó tercera en el campeonato de constructores la temporada pasada por detrás de Ducati y Aprilia, el salto definitivo hacia la lucha por el título aún no se ha concretado.
Acosta reconoce el esfuerzo realizado por la marca durante el invierno y destaca el compromiso del equipo técnico, incluso por encima de sus expectativas. Aun así, prefiere esperar antes de sacar conclusiones definitivas y remarca que su evaluación final llegará una vez que pueda subirse a la moto y analizar sensaciones reales en pista.
Desde el punto de vista deportivo, el propio Acosta identifica la gestión de neumáticos como el principal punto débil de la KTM RC16. Según el español, la moto muestra un rendimiento competitivo en las carreras sprint, pero pierde consistencia en las distancias largas de Gran Premio, donde la degradación de los neumáticos se vuelve determinante. Este problema, además, arrastra otras limitaciones técnicas que afectan el rendimiento global en carrera.
En este contexto, los próximos test de Sepang aparecen como un momento clave para el futuro de Acosta. Desde la dirección deportiva de KTM reconocen que todavía no han hecho lo suficiente para convencer al piloto de que se quede y subrayan que primero deben demostrarlo en pista. Más allá de los tiempos por vuelta, lo fundamental será la sensación que transmita la moto al piloto, un aspecto en el que la marca asegura haber trabajado intensamente durante el invierno.
El equipo también admite que el mercado de pilotos atraviesa un momento de gran nerviosismo. Aunque públicamente se mantiene la cautela, las negociaciones y conversaciones se intensifican entre bastidores. El movimiento ya comenzó con la salida de Fabio Quartararo rumbo a Honda y la llegada de Jorge Martín como su sustituto en Yamaha.
Mientras tanto, KTM ha optado por priorizar la claridad estructural de su proyecto a largo plazo antes de cerrar contratos definitivos, aunque confirma que mantiene conversaciones activas con todos sus pilotos.
El futuro de Pedro Acosta sigue abierto. KTM tiene en sus manos a uno de los talentos más prometedores de MotoGP, pero necesita dar un paso adelante claro en rendimiento y competitividad. Los test de Sepang no serán solo una evaluación técnica, sino una prueba decisiva para definir si el proyecto puede retener a su mayor activo de cara a 2027.

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