Por qué Maranello solo gana cuando el piloto manda (y hoy no quiere escuchar)
La llegada de Lewis Hamilton a Ferrari fue presentada como el último gran acto romántico de la Fórmula 1 moderna. El campeón absoluto, el piloto más exitoso de la historia, vistiendo de rojo para cerrar el círculo. Pero cuanto más avanza la historia, más claro queda que el problema nunca fue solo el piloto.
La verdadera pregunta es otra:
👉 ¿Puede Ferrari volver a dominar sin cambiar su ADN interno?
La Ferrari que sí ganaba… y por qué ya no existe
Ferrari solo ha tenido dos eras de éxito sostenido en Fórmula 1:
La de Niki Lauda
La de Michael Schumacher
Ambas compartían un rasgo clave: el piloto no era un empleado, era el eje del poder deportivo.
Schumacher llegó a Maranello en 1996 rodeado de una estructura blindada:
Dirección técnica fuerte (Rory Byrne)
Liderazgo operativo (Ross Brawn)
Autoridad total sobre el proyecto
Ferrari corporativa… mirando desde lejos
Nada de comités eternos. Nada de egos cruzados. Nada de política interna disfrazada de tradición.
El “qué hubiera pasado si” de Hamilton
Imaginemos —solo por un segundo— que Hamilton hubiese llegado a Ferrari junto a:
Adrian Newey como cerebro técnico
Andrea Stella como gestor deportivo
Christian Horner como figura política fuerte
Y que los cuatro hubiesen exigido presupuesto ilimitado y manos fuera desde arriba.
¿Exagerado? Sí.
¿Irreal? También.
¿La única vía real para repetir la era Schumacher? Probablemente.
Alonso, Vettel… y ahora Hamilton
Fernando Alonso llegó sin red de protección.
Sebastian Vettel fue debilitado incluso antes de sentarse en el coche.
Hamilton repite el patrón, pero con dos agravantes brutales:
Su rendimiento ya no es incuestionable, ni siquiera para él mismo.
En el otro lado del box está Charles Leclerc, un talento generacional criado por Ferrari.
Y Ferrari nunca ha logrado éxito prolongado con pilotos formados en casa.
Los empleados no mandan. Los líderes externos, sí.
Leclerc: el espejo incómodo
Leclerc es rápido, constante y feroz internamente. No necesita política: le basta con rendir.
Eso deja a Hamilton en una posición imposible: cualquier crítica estructural pierde fuerza si el compañero te supera en pista.
Schumacher nunca tuvo ese problema.
Ni Irvine, ni Barrichello, ni Massa, ni el Raikkonen tardío eran una amenaza interna real.
El verdadero problema: Ferrari no quiere ser incomodada
Cuando Maurizio Arrivabene dijo:
“Si un piloto empieza a hacer de ingeniero, se terminó”
no expuso a Hamilton… expuso a Ferrari.
Porque los grandes cambios en Maranello siempre vinieron impulsados por pilotos dominantes:
Schumacher, Lauda, incluso John Surtees en los 60.
Ferrari, cuando se gestiona desde el respeto excesivo y la jerarquía interna, pierde dirección.
Cuando se deja arrastrar por una figura fuerte, gana campeonatos.
¿Puede Hamilton aún hacerlo?
Esa es otra discusión.
La edad, el coche de 2025, la confianza… todo pesa.
Lo verdaderamente triste es que Ferrari no le dará el entorno necesario para averiguarlo.
El sueño del regreso épico, estilo Muhammad Ali, requiere algo más que talento:
👉 requiere que todo un equipo crea.
Y en Maranello, hoy, nadie quiere escuchar.
El reloj sigue corriendo.
Y Ferrari, una vez más, parece incapaz de aprovechar su propio potencial.

Comentarios
Publicar un comentario